Durante mucho tiempo soñaron con salir de ese maldito hospicio, probar las
mieles de la libertad lejos de la madre Liberty y sus tontos castigos
puritanos; pero cuando el día llegó no pensaron que fuese el adecuada, o al
menos eso es lo que Cynthia Pensó ya que una de las que se iban para siempre
esa noche eran ella y Mo su única y mejor amiga quien para su desgracia cuando
tenía ocho años pisó mal, cayó rodando de las escaleras y se quedó ciega, la
abadesa poco hizo por tratar de curarla y eso que muchas señoras de la alta
sociedad se ofrecieron a hacer actividades para pagar la operación de Mo. Sin
embargo la perra viviente esa se negaba a operarla; y lo que se suponía iba a
ser para la sanación de Maureen, lo gastaba en ‘’necesidades del hospicio’’ que
no eran otra cosa más que sus lujos personales; pues a las chicas las tenía
viviendo al día.
Sin embargo toda esa miseria se terminaría pronto, Cynthia ya terminaba de
hacer su equipaje, en realidad constaba de una pequeña maleta donde tenía unas
cuantas medias, blusas, dos vestidos,
seis faldas, y tres pares de zapatos. Algo rápido para empacarse
fácilmente y después se iría a ayudar a Maureen quien estaba batallando un
poco.
-¿Ya acabas Mo?
Maureen dejó de hacer lo que estaba haciendo sentándose en la orilla de su
cama, tantos años en ese hospicio que se le hacía un mundo salir afuera; para
ser exacta tenía miedo.
Cynthia la comprendía, ella si estuviese en su mismo estado también estaría
igual de temerosa, pues estando ciega nada podría hacer pero por fortuna se
habían llevado muy bien los últimos diecisiete años y pensaba llevársela a
vivir con ella, quizás rentarían un apartamento pequeño y ella podría trabajar
por las dos.
-¡Venga ya Mo!-Cyn le sobó el brazo izquierdo haciéndole sonreír, al menos
logró que dejase de estar seria.-Vas a ver que será divertido, creo que mejor
que esta pocilga sí.
Maureen se rio esta vez con un poco mas de ganas, desde que tuvo uso de
razón Cynthia siempre aborreció el hospicio junto con la abadesa Liberty por
igual; de lo único que había estado hablando las últimas semanas era de las
muchas cosas que harían juntas una vez fuera de esa ‘’prisión’’. De lo que
siempre le estuvo agradecida es que la incluyese a ella en sus planes, aunque
no tenía porque solo le habló cuando recién ingresó al orfanato. Y de ese día
se hicieron casi inseparables.
-Lo que sucede es que después de aquí me voy a sentir inútil, ¿Para que
podrá servir una ciega? –Maureen no pudo evitar resoplar un poco enfadad, habia
veces en que deseaba mejor haber muerto en aquel accidente que despertar del
golpe, pero a obscuras.
Cynthia arrugó el entrecejo, no le gustaba escuchar a Maureen hablar así,
total fue un accidente.
-Tranquila Mo, tu no tienes la culpa.
-¡Claro que la tengo!-Maureen manoteó sobre su falda de cuadros.-De haber
pisado bien no habría rodado las escaleras, ni me hubiese pegado en la cabeza,
1ahora mírame Cyn! Soy un estorbo.
Cynthia no dijo nada, era una de las rabietas que Maureen solía hacer
cuando se encontraba asustada, ese era uno de esos momentos era lógico pensaba
que iba aquedar desamparada o algo por
el estilo; solo que ella se cansaba a veces de decirle hasta el cansancio que
no estaba sola del todo, que la tenía a ella a quien a fin de cuentas veía como
una hermana sin serlo precisamente biológica. Cynthia estaba segura de que
muchas veces podían establecerse lazos netamente familiares con algunas
personas sin tener que compartir algún gen o ADN que les hiciese participes de
una misma familia. Dentro del horfanato aprendió a verlas a todas más o menos
en un plan de ‘’hermanas’’ Sin embargo con ninguna se encariñó más de la cuenta
como le sucedió con Maureen.
-Anda.-Cynthia se puso en pie ayudando a Maureen.-Te ayudo a hacer lo que
falta de tu equipaje, saldremos en poco rato.
®®®®
Dentro del despacho de la abadesa se encontraba un hombre de aspecto amable,
bien vestido y con dos guardias afuera esperándole se trataba del dueño del The
Cavern Culb Brian Epstein, un hombre de origen escocés que se hizo famoso en
Liverpool por bares como The Cavern pero sobre todo por ayudar a la familia
Lennon con su legendario negocio de trata de blancas, así como otras cosas
referentes a las mafias, tenía algunos conocidos que le pagaban por las chicas
especialmente por aquellas que no tenían quien se ocupase de ellas; por eso
siempre escogía los orfanatos, les inventaba algún cuento de hadas cuando en
realidad las llevaría a conocer el infierno en persona, sin embargo al recordar
la cantidad de ceros que llevaría su cheque a Brian pronto se le quitaban de
encima los pesares y remordimientos, ocupando sus pensamientos en el dinero que
se gastaría creando algún nuevo bar.
-¿Ya están listas las chicas que va a echar el día de hoy
abadesa?-Cuestionó Brian acomodándose el saco para sentarse.
La abadesa dejó a relucir una enorme sonrisa, gracias a esas chicas tontas
que ingresaban a su hospicio día con día es que ella se hacia más rica cada
vez; cada que una salía por la puerta principal era un cheque con cantidades
casi millonarias en su cuenta bancaria, bien valía la pena cuidar de esas
mugrosas mujercitas hasta que cumplían los 17 o 18 años; edad que consideraba
suficiente para hacerlas pasar como mujercitas hechas y derechas.
-Por supuesto señor Epstein, las niñas saldrán de aquí directo al club a
partir de las siete de la noche, procuraré que se vayan vestidas para…
-Espere.-Brian colocó una de sus delicadas manos sobre las de la
abadesa.-Prefiero hacerlo yo mismo, es decir no em gustaría sembrar sospechas
¿Ya sabe por quién estoy hablando verdad?
La abadesa no pudo evitar bufar, esa Cynthia Powell, muchas veces se halló
en la necesidad de echarla del orfanato, pero siendo la única que cuidaba de la
ciega y torpe Maureen tenía que prescindir de ello ya que de las chicas ninguna
quería echarse la carga de cuidar de la ciega, a parte que Powell les ayudaba a
las otras sirvientas con las labores del orfanato; solo que cuando el problema
se presentaba cuando se llegaba a revelar, podía ser peligrosa, aun no cumplía
los dieciocho años pero en vista de que era del agrado de uno de los hijos de
Alfred Lennon, no tuvo mayores reparos en deshacerse de la persona a quien por
mucho tiempo consideró su cáncer.
-¿En donde está ella? Me gustaría prevenirla de una vez, siempre es bueno
dar un paso adelante.
-Está en su dormitorio haciendo su maleta, ella también esta feliz de
largarse como yo de ya no verla por aquí nunca más.
A Brian el último comentario de la abadesa no le importó, solo dejó por
educación que terminara de hablar para salir del despacho, el camino hacia los
dormitorios ya se lo sabía de memoria así que no hubo necesidad de que le acompañase
la madre abadesa, Al llegar se colocó un guante, no le gustaba tocar a mano
limpia las pesadas y sucias puertas de madera que adornaban las habitaciones de
aquel orfanato.
®®®®
-¿Diga?-Cynthia abrió la puerta dejando ver solamente la cabeza, en ese
momento Brian comprendió porque el hijo bastardo de Alfred se entusiasmó con la
chica, caray sí que era bonita.-¿Es sordo o le comieron la lengua los ratones?
Brian dejó escapar una carcajada, era atrevida, tal como el mismo John
Lennon; en fin ya estaba ahí solo le restaba pasar.
-¿Cynthia Powell y Maureen Cox verdad?
Cyn miró a Maureen asintiendo por las dos. Brian se sentó en la orilla de
una de las camas que estaban frente a las chicas para verlas con más paciencia
la ciega sería perfecta para Ringo, el hijo mayor, era muy bonita, no le pedía nada a la otra; aparte se veía quieta, callada,
sumisa todo lo que el joven Richard pedía en una mujer. Pero si se detenía a
observar fijamente a Powell todo lo contrario a lo que Lennon pensaba de ella,
la chica daba muestras de ser preguntona, altiva y rebelde, muy rebelde por lo
que sería poco probable que John quisiese quedarse con ella; aún así se la
llevaría, podría presentarla como un regalo de cumpleaños adelantado.
-Bien chicas, según sé salen esta noche del orfanato ¿no?
-Si.-Respondió Cyn un poco titubeante.-¿Pero a que viene la pregunta
señor…?
-Epstein.-Brian le tendió su mano a Cynthia.-Brian Epstein, soy dueño del
Cavern. ¿Han oído hablar del club?
Cynthia y Maureen voltearon a verse nuevamente.
-¿Y a nosotros que?-Maureen interactuó por primera vez.
Brian se ajustó la corbata antes de empezar.
-Chicas, lo que sucede es que necesito meseras, se que cuatro de ustedes
saldrán hoy y quisiera ofrecerles trabajo, al menos en lo que encuentran algo
estable,
A Cynthia comenzaba a interesarle el asunto, es decir no tenían a nadie que
se preocupase por ellas, y sinceramente le sorprendía que es hombre
prácticamente desconocido viniese a ofrecerles trabajo de buenas a primeras;
aunque después se ponía a penar y veía las cosas turbias, muy, muy turbias.
-¿Exactamente cuantos a parte de mi les han venido a ofrecer un trabajo
querida?-Preguntó Brian, al ver a Cynthia tan callada, lo mejor que podía hacer
era contraatacar, obviamente la chica no tenía ni pelo de tonta.-Digo, que yo
se pa he sido el único..,
-¡Momento señor Epstein si vino hasta aquí para hacerla de la hermana de la
caridad…!
-¡vine porque sé que necesitan el trabajo Cynthia! En especial Maureen,
ahora bien ¿aceptan o no el trato chicas? Oportunidades como la que les doy no
se les volverá a presentar mucho menos en la puerta de su hogar. Piénsenlo
Brian estaba a nada de salir, algo que también se informó de Cynthia es que
era compulsiva y justo cuando llegó a la puerta escuchó una melodiosa voz.
-¡Aceptamos!-Brian esbozó una sonrisa.-¿Cuándo empezamos?
Brian consideró prudente volverse, era de mala educación darle la espalda a
las personas.
-Esta noche vendrá por ustedes dos y otras chicas una camioneta, esperando
fuera del orfanato.
-De acuerdo, entonces hasta la noche.
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