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jueves, 5 de septiembre de 2013

Propuesta

Durante mucho tiempo soñaron con salir de ese maldito hospicio, probar las mieles de la libertad lejos de la madre Liberty y sus tontos castigos puritanos; pero cuando el día llegó no pensaron que fuese el adecuada, o al menos eso es lo que Cynthia Pensó ya que una de las que se iban para siempre esa noche eran ella y Mo su única y mejor amiga quien para su desgracia cuando tenía ocho años pisó mal, cayó rodando de las escaleras y se quedó ciega, la abadesa poco hizo por tratar de curarla y eso que muchas señoras de la alta sociedad se ofrecieron a hacer actividades para pagar la operación de Mo. Sin embargo la perra viviente esa se negaba a operarla; y lo que se suponía iba a ser para la sanación de Maureen, lo gastaba en ‘’necesidades del hospicio’’ que no eran otra cosa más que sus lujos personales; pues a las chicas las tenía viviendo al día.
Sin embargo toda esa miseria se terminaría pronto, Cynthia ya terminaba de hacer su equipaje, en realidad constaba de una pequeña maleta donde tenía unas cuantas medias, blusas, dos vestidos,  seis faldas, y tres pares de zapatos. Algo rápido para empacarse fácilmente y después se iría a ayudar a Maureen quien estaba batallando un poco.
-¿Ya acabas Mo?
Maureen dejó de hacer lo que estaba haciendo sentándose en la orilla de su cama, tantos años en ese hospicio que se le hacía un mundo salir afuera; para ser exacta tenía miedo.
Cynthia la comprendía, ella si estuviese en su mismo estado también estaría igual de temerosa, pues estando ciega nada podría hacer pero por fortuna se habían llevado muy bien los últimos diecisiete años y pensaba llevársela a vivir con ella, quizás rentarían un apartamento pequeño y ella podría trabajar por las dos.
-¡Venga ya Mo!-Cyn le sobó el brazo izquierdo haciéndole sonreír, al menos logró que dejase de estar seria.-Vas a ver que será divertido, creo que mejor que esta pocilga sí.
Maureen se rio esta vez con un poco mas de ganas, desde que tuvo uso de razón Cynthia siempre aborreció el hospicio junto con la abadesa Liberty por igual; de lo único que había estado hablando las últimas semanas era de las muchas cosas que harían juntas una vez fuera de esa ‘’prisión’’. De lo que siempre le estuvo agradecida es que la incluyese a ella en sus planes, aunque no tenía porque solo le habló cuando recién ingresó al orfanato. Y de ese día se hicieron casi inseparables.
-Lo que sucede es que después de aquí me voy a sentir inútil, ¿Para que podrá servir una ciega? –Maureen no pudo evitar resoplar un poco enfadad, habia veces en que deseaba mejor haber muerto en aquel accidente que despertar del golpe, pero a obscuras.
Cynthia arrugó el entrecejo, no le gustaba escuchar a Maureen hablar así, total fue un accidente.
-Tranquila Mo, tu no tienes la culpa.
-¡Claro que la tengo!-Maureen manoteó sobre su falda de cuadros.-De haber pisado bien no habría rodado las escaleras, ni me hubiese pegado en la cabeza, 1ahora mírame Cyn! Soy un estorbo.
Cynthia no dijo nada, era una de las rabietas que Maureen solía hacer cuando se encontraba asustada, ese era uno de esos momentos era lógico pensaba que iba  aquedar desamparada o algo por el estilo; solo que ella se cansaba a veces de decirle hasta el cansancio que no estaba sola del todo, que la tenía a ella a quien a fin de cuentas veía como una hermana sin serlo precisamente biológica. Cynthia estaba segura de que muchas veces podían establecerse lazos netamente familiares con algunas personas sin tener que compartir algún gen o ADN que les hiciese participes de una misma familia. Dentro del horfanato aprendió a verlas a todas más o menos en un plan de ‘’hermanas’’ Sin embargo con ninguna se encariñó más de la cuenta como le sucedió con Maureen.
-Anda.-Cynthia se puso en pie ayudando a Maureen.-Te ayudo a hacer lo que falta de tu equipaje, saldremos en poco rato.
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Dentro del despacho de la abadesa se encontraba un hombre de aspecto amable, bien vestido y con dos guardias afuera esperándole se trataba del dueño del The Cavern Culb Brian Epstein, un hombre de origen escocés que se hizo famoso en Liverpool por bares como The Cavern pero sobre todo por ayudar a la familia Lennon con su legendario negocio de trata de blancas, así como otras cosas referentes a las mafias, tenía algunos conocidos que le pagaban por las chicas especialmente por aquellas que no tenían quien se ocupase de ellas; por eso siempre escogía los orfanatos, les inventaba algún cuento de hadas cuando en realidad las llevaría a conocer el infierno en persona, sin embargo al recordar la cantidad de ceros que llevaría su cheque a Brian pronto se le quitaban de encima los pesares y remordimientos, ocupando sus pensamientos en el dinero que se gastaría creando algún nuevo bar.
-¿Ya están listas las chicas que va a echar el día de hoy abadesa?-Cuestionó Brian acomodándose el saco para sentarse.
La abadesa dejó a relucir una enorme sonrisa, gracias a esas chicas tontas que ingresaban a su hospicio día con día es que ella se hacia más rica cada vez; cada que una salía por la puerta principal era un cheque con cantidades casi millonarias en su cuenta bancaria, bien valía la pena cuidar de esas mugrosas mujercitas hasta que cumplían los 17 o 18 años; edad que consideraba suficiente para hacerlas pasar como mujercitas hechas y derechas.
-Por supuesto señor Epstein, las niñas saldrán de aquí directo al club a partir de las siete de la noche, procuraré que se vayan vestidas para…
-Espere.-Brian colocó una de sus delicadas manos sobre las de la abadesa.-Prefiero hacerlo yo mismo, es decir no em gustaría sembrar sospechas ¿Ya sabe por quién estoy hablando verdad?
La abadesa no pudo evitar bufar, esa Cynthia Powell, muchas veces se halló en la necesidad de echarla del orfanato, pero siendo la única que cuidaba de la ciega y torpe Maureen tenía que prescindir de ello ya que de las chicas ninguna quería echarse la carga de cuidar de la ciega, a parte que Powell les ayudaba a las otras sirvientas con las labores del orfanato; solo que cuando el problema se presentaba cuando se llegaba a revelar, podía ser peligrosa, aun no cumplía los dieciocho años pero en vista de que era del agrado de uno de los hijos de Alfred Lennon, no tuvo mayores reparos en deshacerse de la persona a quien por mucho tiempo consideró su cáncer.
-¿En donde está ella? Me gustaría prevenirla de una vez, siempre es bueno dar un paso adelante.
-Está en su dormitorio haciendo su maleta, ella también esta feliz de largarse como yo de ya no verla por aquí nunca más.
A Brian el último comentario de la abadesa no le importó, solo dejó por educación que terminara de hablar para salir del despacho, el camino hacia los dormitorios ya se lo sabía de memoria así que no hubo necesidad de que le acompañase la madre abadesa, Al llegar se colocó un guante, no le gustaba tocar a mano limpia las pesadas y sucias puertas de madera que adornaban las habitaciones de aquel orfanato.
®®®®
-¿Diga?-Cynthia abrió la puerta dejando ver solamente la cabeza, en ese momento Brian comprendió porque el hijo bastardo de Alfred se entusiasmó con la chica, caray sí que era bonita.-¿Es sordo o le comieron la lengua los ratones?
Brian dejó escapar una carcajada, era atrevida, tal como el mismo John Lennon; en fin ya estaba ahí solo le restaba pasar.
-¿Cynthia Powell y Maureen Cox verdad?
Cyn miró a Maureen asintiendo por las dos. Brian se sentó en la orilla de una de las camas que estaban frente a las chicas para verlas con más paciencia la ciega sería perfecta para Ringo, el hijo mayor,   era muy bonita, no le pedía nada  a la otra; aparte se veía quieta, callada, sumisa todo lo que el joven Richard pedía en una mujer. Pero si se detenía a observar fijamente a Powell todo lo contrario a lo que Lennon pensaba de ella, la chica daba muestras de ser preguntona, altiva y rebelde, muy rebelde por lo que sería poco probable que John quisiese quedarse con ella; aún así se la llevaría, podría presentarla como un regalo de cumpleaños adelantado.
-Bien chicas, según sé salen esta noche del orfanato ¿no?
-Si.-Respondió Cyn un poco titubeante.-¿Pero a que viene la pregunta señor…?
-Epstein.-Brian le tendió su mano a Cynthia.-Brian Epstein, soy dueño del Cavern. ¿Han oído hablar del club?
Cynthia y Maureen voltearon a verse nuevamente.
-¿Y a nosotros que?-Maureen interactuó por primera vez.
Brian se ajustó la corbata antes de empezar.
-Chicas, lo que sucede es que necesito meseras, se que cuatro de ustedes saldrán hoy y quisiera ofrecerles trabajo, al menos en lo que encuentran algo estable,
A Cynthia comenzaba a interesarle el asunto, es decir no tenían a nadie que se preocupase por ellas, y sinceramente le sorprendía que es hombre prácticamente desconocido viniese a ofrecerles trabajo de buenas a primeras; aunque después se ponía a penar y veía las cosas turbias, muy, muy turbias.
-¿Exactamente cuantos a parte de mi les han venido a ofrecer un trabajo querida?-Preguntó Brian, al ver a Cynthia tan callada, lo mejor que podía hacer era contraatacar, obviamente la chica no tenía ni pelo de tonta.-Digo, que yo se pa he sido el único..,
-¡Momento señor Epstein si vino hasta aquí para hacerla de la hermana de la caridad…!
-¡vine porque sé que necesitan el trabajo Cynthia! En especial Maureen, ahora bien ¿aceptan o no el trato chicas? Oportunidades como la que les doy no se les volverá a presentar mucho menos en la puerta de su hogar. Piénsenlo
Brian estaba a nada de salir, algo que también se informó de Cynthia es que era compulsiva y justo cuando llegó a la puerta escuchó una melodiosa voz.
-¡Aceptamos!-Brian esbozó una sonrisa.-¿Cuándo empezamos?
Brian consideró prudente volverse, era de mala educación darle la espalda a las personas.
-Esta noche vendrá por ustedes dos y otras chicas una camioneta, esperando fuera del orfanato.
-De acuerdo, entonces hasta la noche.











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