beatlemaniatic@s que me siguen

domingo, 6 de octubre de 2013

En las garras del león

Ringo entró a su habitación aventando las maletas junto a la puerta y quitándose el saco junto con la camisa, unos cuantos ronroneos femeninos fueron lo que le hicieron llevar su vista hacia la cama, donde descansaba una hermosa mujer, de tez morena clara, cabellos negros, si viajaban sus ojos hasta donde los pechos no estaba nada mal; algo voluminosos tanto que bien podía ver el pezón asomarse un poco por entre el brassiere negro, piernas largas y bien torneadas.
Sin duda una maravilla de hembra, no sabía a ciencia cierta que tipo de ‘’sorpresas’’ tenían sus hermanos en sus habitaciones, pero a él personalmente esa le gustaba…le gustaba bastante a decir verdad, terminó de quitarse la camisa; buscó en su peinador la ultima caja de cigarrillos italianos que le quedaba encendiendo uno cerca de la chica, estaba profundamente dormida, así no le serviría de nada por lo que no tuvo reparos en exhalar el humo frente su rostro.
Le causó gracia ver como ella se despertaba tosiendo mientras movía las manos tratando de espantar el  humo que tanto le molestaba Maureen fue abriendo los ojos lentamente, Ringo pudo maravillarse, aparte de tener un cuerpo de infarto tenia lindos ojos cafés.
-¿Cómo te llamas?-Cuestionó secamente, pero sin alejarse de ella.
Maureen al darse cuenta que estaba con un hombre de inmediato comenzó a asustarse, ¿Cuánto tiempo llevaría con él encerrada? Pero lo que más le angustiaba era no poder verle ni el maldito rostro ¡ahora más que nunca aborrecía con toda su alma el ser ciega! Sin que ella pudiese evitarlo, lagrimas de impotencia comenzaron a rodar por sus mejillas a torrentes logrando llegar al pecho.
Ringo se enfadó pronto de esa niña chillona, ni él había hecho nada y estaba haciendo sus teatros.
-Ya tranquila.-Ringo le tomó fuertemente la barbilla.-No te he hecho nada, apenas te acabo de ver aquí ¿Quién cojones eres?
Maureen no el creía, sin embargo comprendió que por el momento sería mejor dejar de llorar, antes que hacerlo enfadar.
-Maureen.
-¿Maureen que?-Gruñó Ringo.
-Maureen Cox.
Ringo se fijó mas en sus ojos, tenía las pupilas sin movimiento alguno, Ringo movió su mano varias veces; tratando de hacer que por lo menos la puta que tenía enfrente parpadeara pero no, fue  inútil.
-¿Eres ciega?
-Si.-Respondió ella titubeante.
-¿Desde cuando?
-Desde los once años.
Ringo se levantó de la cama, anduvo un rato por la habitación con la mano puesta en la barbilla, así que al putita era ciega, bien así no le servía de nada, lo único que le salvaba de mandarla a México junto con las otras hijas de perra es que le gustaba; solamente por eso se salvaba.
Consideró la oportunidad de dejarla virgen por el momento, solo por mientras conseguía un buen doctor en Londres que el quitara lo único que le hacía ser una piruja inútil.
-Bien mi putita.-Ringo le dio unas cuantas  cachetadas ‘’cariñosas’’.-De momento esta será tu casa, Rita se hará cargo de ti en tanto yo no esté. Ahora vuélvete a dormir ¡Y ya deja de chillar!
 Ringo salió azotando la puerta, Maureen suspiró aliviada al menos le dieron tiempo para acostumbrarse a ese tipo, le hizo caso y volvió a recostarse, esta vez sin dejar de pensar en la pobre Cynthia.
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Paul entraba a su cuarto con bastante sueño, lo único que quería en esos momentos era tocar cama por fin, su cuerpo estaba pidiéndole a gritos una, y él como buen niño obediente que era estaba dispuesto a dársela, solo que estando nada de irse de ‘’avioncito’’ se tuvo que frenar, su cama estaba siendo ocupada por un lindo ángel de piel blanca, cabellos negros, seguro que llegaban hasta mas debajo de la cintura, rostro de ángel y bueno como la mujercita tenia cerrados los ojos no podía ver de que color eran.
Sin embargo a Paul le pareció que por la apariencia la chica no debería tener máximo los dieciséis años, eso tampoco evitó que sintiera cierto tipo de compasión; de todos los Lennon, Paul podía decirse era el menos rudo de todos. Prefirió dejar las cosas por el momento, ya haría lo suyo después cuando la chica se familiarizara con él.
Apagó las luces de la habitación saliendo de ahí sin hacer ruido, no quería que su nueva ‘’inquilina’’ se despertara.
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Luego de quedarse un rato en el bar tomando un par de bebidas beatle, George sintió que el sueño le cobraba factura, tomó su saco y la corbata; sin ánimos, arrastrando los pies y con el entusiasmo que siempre lo caracterizaba por los suelos se dispuso a recorrer el largo sendero que existía desde el bar a su habitación la cual se encontraba al fondo del pasillo; apenas mal abrió la puerta de su habitación sintió que alguien le empujo, alcanzo a detener a la chica para su fortuna sujetándola del cabello.
Olivia se puso la mano en el cabello, esa bestia andante la devolvió de una manera algo tosca, George al cerrar la puerta le dio una bofetada y la tumbó a la cama colocándose encima de ella, Olivia le iba a devolver el golpe de no haber sido porque George le impidió moverse sujetando sus piernas y las manos.
-¿A dónde jodidos pensabas ir?-George apretó más fuerte, Olivia solo se mordió el labio inferior.-¿Eres sorda o solo te haces?-George reaccionó de manera violenta dándole un puñetazo, que le hizo sangrar el labio.-¡Que respondas perra!
Olivia intentó aguantar las ganas de llorar, movió la cabeza hacia otro lado, pero George la hizo mirarlo.
-Bien, si no quieres hablar no hables, solo piensa que tu eres la que va a sufrir las consecuencias de lo que hagas de ahora, en adelante.
George comenzó a desabotonarse el pantalón junto con la camisa ante una Olivia totalmente atónita; estaba asustada, si gritaba seguro el iban a pegar, si se quedaba quieta, quizás le fuera un poco mejor; una vez desnudo, George le separó las piernas y de una estocada le penetró, mientras George penetraba como si nunca en su vida lo hubiese hecho, Olivia sentía fuertes dolores dentro de ella, solo que esta vez tuvo que abstenerse de llorar, ¡vaya manera de conocer a George Harrison! Sirviéndole de su puta personal, George siguió embistiendo; Olivia por su parte prefirió no ponerle tanta importancia al asunto, perdió la mirada en uno de los tapices que había en las paredes de la habitación dejando que su mente la transportase a otro lado en lo que el mal momento pasaba.
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Cynthia se despertó con un fuerte dolor en la entrepierna, pero no comparado con el de la cabeza, lo que les habían puesto para dormirlas le tenía un poco atolondrada, a parte del golpe que recibió también era otro factor.
Al abrir los  ojos lo primero que hizo fue revisar el lugar, se trataba de una habitación enorme, con decoraciones en blanco y negro pero aun así no dejaba de ser bonita, se miró a sí misma, estaba completamente desnuda, el otro lado de la cama vacío; movió la cabeza en negación, quizás el tipo prefirió irse antes de que ella despertara.
La idea se disipó al escuchar al regadera, era su momento para irse de ese lugar, tampoco iba a servirle de puta todos los días buscó su ropa, no encontró más que una camisa blanca; a duras penas consiguió ponerse en pie, aunque cayó al piso, volvió a levantarse, necesitaba se rápida antes que él saliese del baño. Cynthia anduvo despacio a la puerta, al tratar de girar la perilla se encontró con que estaba cerrada con llave, se dejó deslizar por ella hasta el suelo genial ¿Y ahora que?
No sabía que hacer, si esperar o volver a la cama porque el dolor no lo soportaba, a duras penas podía caminar se dejó caer en una silla acolchonada que se encontraba a su izquierda, pensó en Maureen, seguro debía estar en la misma casa, le preocupaba mucho, quería saber como estaba, como le habían tratado, ella no supo cómo demonios dejó de ser virgen porque quizás le hubiesen desvirgado mientras estuvo sedada; lo único bueno de todo eso es que se sentía menos asqueada.
John salió por fin de la ducha envuelto solamente con una toalla de baño negra enredada alrededor de la cintura. Se fijó en el reloj que estaba colgado a un lado del peinador, vaya que a la chica le gustaba despertarse tarde, eran más de las doce del día.
-Por lo visto dormimos bien anoche ¿No primor?
Cynthia no habló, claramente comprendía que el maldito se estaba burlando de ella, era fácil siendo ella la afectada, él solo tenía que reclamar eso como un premio, solo que se fijó más en la voz, para colmo de sus males estaba con un beatle y para ser más precisa con John Lennon, quien le parecía el más asqueroso de todos los cuatro.
-¿A poco le interesa como esté?-Respondió ella finalmente, no sabía si sería bueno o mal dejarlo con la palabra en la boca.
John al escucharla responder de modo altivo, consideró que nunca era demasiado tarde para hacerla entrar en razón, ahora viviría en su casa se la fallaría toda las noches, prácticamente su vida dependía de lo que le mandara y si es que quería seguir conservándola lo mejor era que se mantuviera con la boca cerrada o bien que eligiera con más cuidado como respondía.
Se dirigió a ella haciéndola ponerse en pie apretándole el cuello lo más fuerte que podías.
-Solo una cuestión perra, aquí quien manda soy yo, ¿Estamos? Siguiendo a lo que estaba, esta será tu casa por tiempo indefinido.
-¿Tiempo indefinido?-Cuestionó Cynthia sorprendida, o sea que sería difícil salir de ahí.-¿Cuándo me voy a poder largar de aquí?
John se cansaba de aquella adolescente preguntona, rebelde y fastidiosa, no dudó ni un instante en estampar su gruesa mano en las delicadas mejillas de Cynthia Powell.
-No lo sé.-Su voz fue tosca.-Solo sé que si intentas escapar ahora si no te salvas de irte de puta a México ¿Comprendes la gravedad del asunto?
Cynthia asentía presurosa, entonces aparte de Beatles eran tratantes, solo que usaban el grupo como medio para conseguir mujeres, vaya manera de hacer el trabajo.
-Ahora, vuelve a la cama, Rita va a traerte ropa y comida yo estaré fuera todo el día pero no te preocupes a la noche volveré para divertirnos.-Luego tomó su mentón estampando sus labios en los de Cynthia.-Tranquila que esta vez me aseguraré que tu también disfrutes de mis juegos primor.
John terminó de vestirse, salió volviendo a echar el cerrojo a la puerta, Cynthia por su parte volvió a acurrucarse en la cama, sin poder evitar derramar unas cuantas lágrimas, nunca en su vida resentía tanto el ser huérfana como hasta ahora. Para ser exacta, quería morirse.








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