beatlemaniatic@s que me siguen

viernes, 6 de septiembre de 2013

Secuestro

Para las nueve de la noche, las cuatro chicas ya esperaban afuera del orfanato con un gran aguacero encima, la perra de la madre abadesa no fue ni siquiera pada proporcionarles unas sombrillas por lo que tenía que replegarse de la lluvia, refugiándose en la copa de un árbol que para su fortuna las cubría bastante bien, las otras dos chicas Cynthia las conocía perfectamente, no solo porque trataba de interactuar con unas sino porque una de ellas tenía quince días de haber ingresado, se trataba de Lucrecia una española que quedó huérfana a raíz de un accidente vial que tuvieron sus padres al trasladarse a su trabajo.
La otra era pelirroja muy bonita pero callada a la vez, solo tenía la vista perdida en la calle mientras miraba en sentidos contrarios. Cynthia se quedó callada, no quiso platicar con nadie.
Al fin unas luces las hicieron encandilar a todas, la bendita camioneta se acercó a ellas bajando de ella un par de tipos uno rubio y otro de cabello obscuro pero eso no les quitaba lo bien parecidos.
-¿Esas son Stu?-Cuestionó el rubio mientras se comía con los ojos a Lucrecia, esta solo se hizo pequeña en su lugar.
El otro muchacho sin decirles ni si quiera buenas noches se adentró un poco más en la lluvia parándose en la puerta del orfanato, si ese era el orfanato católico que Brian les indicó, en el mismo silencio que llegó volvió a la camioneta, de ahí bajaron cuatro muchachos mas quienes sin la menor dificultado subieron a la fuerza a las cuatro cicas no sin antes vendarles los ojos y las manos, con Cynthia sufrieron un poco, por lo que hubo de golpearle con la culata de una pistola para poder amansarla.
El resto del camino lo pasaron en silencio, nadie habló, las chicas se estremecieron cuando sintieron que la camioneta se detuvo.
-Bien lindas.- Stu comenzó a hablar dando las reglas.-Esta casa será su hogar por un tiempo indefinido, a la perra que no obedezca la van a mandar a un burdel a México ¿entendieron?
Las tres asintieron presurosamente, Stuart se dio por bien servido al menos demostraban que siendo mujeres no eran tan idiotas como él las pensaba, Peter ayudó a Maureen a bajarse y a caminar hasta la puerta donde la sestaba esperando el ama de llaves Rita Shotton, una mujer de carácter amargo, y cara dura.
-¿Así que estas cuatro son las nuevas inquilinas?-Cuestionó con voz severa y tosca.-Mandaré a alguien para que las prepare, los señoritos regresan de su gira hoy por la madrugada y seguro querrán diversión.
-¿Con que los cuatro cabrones regresan de la primer gira por América?-Argumentó Stuart de manera burlona, el también había estado en el grupo, pero de no haberle estado pisando la policía alemana los talones, no hubiese tenido que fingir una hemorragia cerebral.-Bueno me alegro por ellos, oye Rita deberías mandar a alguien, traemos a  otra puta en el asiento trasero, es la rebelde, la tal Cynthia.
Rita dibujó una sonrisa algo macabra en el rostro, sin decir nada solo hizo una señal para que los tipos metieran a las chicas a empujones dentro, cada cual fue conducida a las habitaciones de John, Ringo, Paul y George no sin antes pasar por manos de un estilista para que las dejase como ‘’reinas’’ según ordenó Stuart. A los chicos no les gustaría llegar y encontrarlas tal cual salieron del internado, por lo que era mejor empezar a trabajar con ellas de una maldita vez.
Luego de eso cada una fue llevada a las habitaciones de los muchachos, dejándolas encerradas no sin que Rita les llevase antes ropa sexy, una charola con abundante comida y somníferos, uno de los gustos que tenían los hijos de Alfred Lennon es que al llegar les gustaba encontrar a sus sumisas, dormidas.
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El avión aterrizó en Liverpool a las tres cuarenta y cinco de la mañana, el grupo The Beatles acababa de desbordar el avión para dirigirse a la camioneta que le estaría esperando en el aeropuerto, en medio de una turba de fans enloquecidas tratando de brincarse las brigadas de seguridad, John, Paul, George y Ringo viajaban en una camioneta abierta por la cual podían darse el lujo de saludar y Paul de tirar besos a sus fans, John mientras tanto les escribía piropos obscenos en pedazos de papel mientras los enrollaba y metía dentro de un grueso popote, le daba risa ver como las chicas casi se agarraban de las greñas todo por coger las estupideces que escribía.
Los únicos que iban quietos eran George y Ringo, quienes se divertían con las locuras que hacían los primeros dos, en serio Ringo no sabía que pensar, si John estaba loco o Paul otro tanto, pero el caso es que ese par siempre fueron uña y mugre a pesar de la corta diferencia de edades.
Al fin lograron salir de Liverpool, se metieron dentro de la camioneta, Ringo recordó que sus padres no estarían en cas por un buen tiempo así que podrían armar una fiesta privada solamente con sus amistades cercanas.
Solo que recordó que su padre no quería enterarse de que habían hecho fiestas en su casa, por eso tenían apartamentos por toda la ciudad, es decir para que el viejo no se enojase e hiciese berrinche, preferían hacerlas a parte.
-No se ustedes muchachos.-John se talló los ojos, estaba cansado.-Pero yo me estoy muriendo, esta primera gira me dejo totalmente molido.
Paul asintió, era verdad pero solo estaban probando los principios del éxito, según Brian Epstein y George Martin ese tipo de giras se repetirían por lo menos unas dos veces más.
-Si ya lo sé.-Continuó George.-Pero ¿No es lo que queríamos? ¿Ser más famosos que el mismo Elvis? Ya lo hemos logrado, solo nos falta soportarlo.
John se puso a considerarlo y si, su hermano menor tenía razón, por muchos años estuvieron escalando puestos hasta estar a donde estaban hoy en día, les costó mucho desde la muerte de su madre hasta la salida de Stu porque la poli le estaba pisando los talones, fue una lástima pero Stuart siempre se inclinó mas por el arte que por la música, por ello pensaba que se había hecho un favor a sí mismo y sobre todo por la novia alemana que se consiguió Astrid.
El resto del viaje se continuó en  pleno silencio todos se quedaron dormidos, ya que aun faltaba buen tramo de camino para estar en casa.








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